En los últimos años, el brunch en Sevilla ha pasado de ser una palabra que solo se veía en series americanas a convertirse en un plan habitual de fin de semana. Cafeterías con huevos benedictinos, bagels y mimosas se han multiplicado por el centro y por barrios como Los Remedios o la Alfalfa, y cada domingo hay colas para sentarse en las terrazas más fotogénicas de la ciudad.
Pero, ¿de dónde viene realmente el brunch? ¿Por qué se llama así y qué lo diferencia de un desayuno normal o de un almuerzo? En este artículo repasamos el origen del brunch, cómo llegó a España y a Sevilla, qué se suele comer y por qué ha calado tan bien en una ciudad con una tradición gastronómica tan marcada como la sevillana.
Y, si al final del artículo te apetece algo más tradicional, te contamos también dónde encontrarlo.
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La palabra brunch es una combinación de las inglesas breakfast (desayuno) y lunch (almuerzo o comida), y se refiere a una comida que se sirve a media mañana, normalmente entre las 11:00 y las 13:00, y que sustituye tanto al desayuno como a la comida del mediodía. No es un desayuno alargado ni una comida adelantada: es un formato propio, con su propia carta y su propio ritmo.
Lo que distingue a un brunch en Sevilla de un desayuno de cafetería es precisamente esa mezcla: en la misma mesa conviven platos dulces y salados, opciones típicas de desayuno como tostadas o zumos naturales junto a otras más propias de una comida, como huevos, bacon o incluso ensaladas. Se trata de una experiencia pensada para alargarse, sin la prisa de un café rápido antes de ir a trabajar.
El origen del brunch se remonta a la Inglaterra del siglo XIX. La primera referencia escrita aparece en 1895, en un artículo del escritor británico Guy Beringer titulado Brunch: A Plea, en el que proponía sustituir el pesado desayuno tradicional inglés y la comida del domingo por una única comida más ligera y relajada, servida a media mañana, pensada especialmente para quienes habían trasnochado la noche anterior.
La idea no cuajó de inmediato, pero décadas después encontró su verdadero hogar en Estados Unidos, donde el brunch se consolidó como una tradición de domingo, especialmente en ciudades como Nueva York y Chicago, ligada a la vida social urbana: quedar con amigos sin prisa, alargar la sobremesa y aprovechar la mañana del fin de semana sin las obligaciones de un día laborable.
En Estados Unidos, el brunch también se vinculó durante décadas a determinados círculos sociales y profesionales, antes de democratizarse a partir de los años ochenta y noventa, cuando empezó a formar parte habitual del ocio de cualquier persona, no solo de una clase social concreta.
Desde allí, el brunch se exportó al resto del mundo a través del cine, las series de televisión y, más recientemente, de las redes sociales, donde platos como los huevos benedictinos o el avocado toast se convirtieron en toda una estética propia.
En España, el brunch empezó a popularizarse primero en ciudades como Madrid y Barcelona, más acostumbradas a tendencias internacionales, y tardó algo más en llegar a Sevilla. Sin embargo, en la última década el brunch en Sevilla ha experimentado un crecimiento notable, especialmente en barrios como Los Remedios, la Alfalfa, el Arenal o el entorno de la Alameda de Hércules, donde han abierto numerosas cafeterías especializadas.
Parte de este crecimiento tiene que ver con el cambio de hábitos de los sevillanos más jóvenes, que han incorporado el brunch como plan social de fin de semana, especialmente los domingos. También ha influido el turismo: muchos visitantes internacionales buscan mantener sus rutinas gastronómicas también durante sus vacaciones en Sevilla, y la ciudad ha respondido con una oferta cada vez más amplia.
Aun así, conviene matizar algo importante: el brunch en Sevilla convive con la tradición local, no la sustituye. La mayoría de quienes disfrutan de un brunch un domingo por la mañana siguen manteniendo sus costumbres de tapeo, comida familiar o cena tradicional el resto de la semana.
Sería injusto hablar del auge del brunch en Sevilla sin mencionar el papel que han jugado las redes sociales, especialmente Instagram. Platos como los huevos benedictinos, las tostadas de aguacate o los bowls de granola con fruta tienen un componente visual muy marcado, con colores vivos y presentaciones cuidadas que funcionan especialmente bien en formato foto o vídeo corto.
Esto ha generado un efecto de bola de nieve: cuantas más fotos de brunch circulan por redes, más curiosidad despierta entre quienes todavía no lo han probado, y más locales deciden incorporarlo a su carta para no quedarse fuera de una tendencia en auge.
Esto no significa que se trate solo de una moda pasajera de redes sociales. Lo que empezó como una tendencia impulsada por la imagen se ha consolidado, en muchos casos, gracias a la calidad real de la propuesta gastronómica, y hoy son numerosos los locales especializados con una clientela habitual que va mucho más allá de quien busca la foto perfecta.
Uno de los aspectos que más engancha del brunch es su variedad. Estos son algunos de los platos que no suelen faltar en una carta de esta comida de media mañana:
Muchos locales también incorporan opciones veganas o sin gluten, algo que ha ayudado a ampliar el público que se anima a probar el brunch en Sevilla, especialmente entre quienes buscan alternativas más ligeras que la cocina tradicional andaluza.
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Aunque cada vez es más fácil encontrar brunch en distintos puntos de Sevilla, hay varias zonas donde la oferta se ha concentrado especialmente. Los Remedios, al otro lado del río, se ha convertido en uno de los barrios de referencia, con varias cafeterías especializadas que combinan un público muy local con un ambiente cuidado. La Alfalfa y el entorno del Arenal, en pleno centro, también acumulan buena parte de los locales más conocidos, aprovechando el tránsito de turistas y de sevillanos que bajan al centro los fines de semana.
La Alameda de Hércules, por su parte, mantiene una oferta algo más informal y ecléctica, con propuestas que van desde el brunch clásico anglosajón hasta versiones más vegetarianas o ecológicas. Y no hay que olvidar los brunches de hotel, como los que ofrecen algunos establecimientos de lujo del centro histórico los domingos, con un formato más de bufé y un precio superior al de una cafetería de barrio.
Esta dispersión por distintas zonas también explica en parte el éxito del formato: no depende de un único barrio de moda, sino que se ha ido extendiendo de forma orgánica allí donde había un público dispuesto a probarlo.
Aquí es donde conviene detenerse, porque Sevilla tiene una relación muy particular con la comida. El desayuno sevillano tradicional suele ser sencillo: una tostada con aceite y tomate, un café con leche, quizás un pitufo o un salmorejo si ya es tarde. La comida del mediodía, en cambio, es sagrada: platos de cuchara, pescaíto frito, tapas para compartir y una sobremesa que se puede alargar horas.
El brunch en Sevilla no compite directamente con ninguna de las dos comidas: ocupa un hueco distinto, más ligado al ocio de fin de semana que a la rutina diaria. Mientras que el desayuno y la comida típica andaluza tienen un fuerte componente social y familiar, el brunch se asocia más a planes con amigos, cumpleaños o simplemente a «hacer algo diferente» un domingo.
Esta diferencia también se nota en el precio y en el formato: un brunch suele rondar entre los 12 y los 20 euros por persona, con un formato de carta fija o menú cerrado, mientras que el tapeo tradicional sevillano permite ajustar el gasto según el número de tapas o raciones que se pidan.
Puede parecer sorprendente que una tendencia tan anglosajona haya calado en una ciudad con una identidad gastronómica tan marcada, pero hay varios factores que lo explican. El primero es generacional: los sevillanos más jóvenes viajan más, consumen más contenido internacional en redes sociales y buscan experiencias nuevas sin renunciar a su identidad local.
El segundo factor es el propio carácter sevillano: en una ciudad donde comer fuera de casa forma parte de la vida social, sumar una nueva excusa para quedar con amigos —el brunch de domingo— encaja perfectamente con esa cultura de sobremesa y disfrute pausado que ya existía antes de que llegara la palabra brunch.
El tercer factor, menos comentado, es el turístico. Sevilla recibe cada año a millones de visitantes de países donde el brunch es una costumbre asentada desde hace décadas, y la ciudad ha sabido adaptar parte de su oferta a esos hábitos sin renunciar a su identidad.
Por último, esta tendencia se ha adaptado al gusto local: no es raro encontrar cartas de brunch que incorporan salmorejo, jamón ibérico o incluso versiones de tostadas con productos típicos andaluces, mezclando lo internacional con lo de siempre.
Si después de leer todo esto te apetece más un domingo con salmorejo, espinacas con garbanzos o un buen jamón ibérico que un plato de huevos benedictinos, en Bistro Los Tulipanes encontrarás justo eso. A pocos minutos de Plaza de Armas, en pleno centro histórico de Sevilla, nuestra propuesta se centra en la carta de cocina andaluza y mediterránea de toda la vida, con tapas, raciones y platos pensados para compartir en una sobremesa larga y sin prisas.
No hace falta elegir entre una tendencia y la tradición: puedes probar el brunch en Sevilla un domingo cualquiera y, otro día, disfrutar de una comida tradicional sevillana con nosotros. Al final, ambos formatos comparten lo más importante: sentarse a la mesa con calma y disfrutar de una buena comida acompañada.
Lo habitual es entre las 11:00 y las 13:00 de la mañana, especialmente los fines de semana. Algunos locales lo ofrecen también entre semana, aunque su mayor demanda se concentra los domingos.
El desayuno sevillano suele ser rápido y sencillo, como una tostada con café. El brunch es una comida más larga y variada, que combina platos dulces y salados y sustituye tanto al desayuno como a la comida del mediodía.
El precio medio ronda entre 12 y 20 euros por persona, según el local y si se incluye bebida. Es algo más caro que un desayuno tradicional, pero suele incluir una cantidad de comida equivalente a dos comidas.
Sí, cada vez más locales especializados en brunch ofrecen alternativas veganas, vegetarianas y sin gluten dentro de su carta, adaptándose a la demanda de un público cada vez más variado.
No, conviven perfectamente. El brunch se asocia sobre todo a planes de domingo por la mañana, mientras que el tapeo sigue siendo el plan habitual de tardes y noches en Sevilla.
Los Remedios, la Alfalfa, el Arenal y la Alameda de Hércules concentran la mayor parte de los locales especializados, aunque cada vez es más habitual encontrar propuestas también en otras zonas de la ciudad.
Restaurantes como Bistro Los Tulipanes, en el centro histórico de Sevilla, ofrecen cocina andaluza tradicional con tapas y raciones para compartir, una alternativa perfecta para quienes prefieren la gastronomía de siempre.
Este fenómeno ha pasado de ser una moda importada a convertirse en un plan más dentro de la variada oferta gastronómica de la ciudad, sin llegar a sustituir la tradición local del desayuno, la comida o el tapeo.
Conocer su origen —de la Inglaterra del siglo XIX a las cafeterías de Los Remedios o la Alfalfa— ayuda a entender por qué ha triunfado en una ciudad que, en el fondo, siempre ha sabido disfrutar de una buena mesa sin prisas.
Ya sea con huevos benedictinos o con un plato de espinacas con garbanzos, lo importante es sentarse a comer bien acompañado.
Más información sobre el centro histórico en la web oficial de turismo de Sevilla y sobre el origen del brunch en este artículo de Smithsonian Magazine.